RV 1909 · Dios perdona
Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.
Salmos 103:12
Reina-Valera 1909 · 26 versículos
Perdón es una palabra que se pide en dos direcciones, y duele en las dos. Una es necesitar que Dios perdone lo que tú sabes que hiciste. La otra es tener que soltar al que te hizo daño, cuando todavía recuerdas el día y la frase. La Biblia no las separa del todo. El que ha sido perdonado de mucho es enviado a perdonar, y la oración del Padre nuestro las ata en la misma petición.
Esta página, en la Reina-Valera 1909, pone primero el perdón de Dios: la misericordia que borra, la confesión, la distancia que él pone entre el pecado y el que vuelve. Después pone el perdón entre personas: la medida con que se mide, las setenta veces siete, la deuda soltada. No es un consejo blando. Varios versículos son exigentes. Están aquí porque son Escritura, no porque suenen fáciles.
Si vas a leerlos en un conflicto abierto, lee primero los que hablan de cómo Dios te trata a ti. Luego pide otro al azar y mira si puedes orar con ese texto sin usarlo como arma. Cópialo con la cita. El capítulo completo evita que una línea suelta se vuelva un golpe.
La página principal de este tema es versículos sobre el perdón. Esta lista sigue aquí, con sus propios versículos.
RV 1909 · Dios perdona
Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.
Salmos 103:12
Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.
No ha hecho con nosotros conforme á nuestras iniquidades; ni nos ha pagado conforme á nuestros pecados.
BIENAVENTURADO aquel cuyas iniquidades son perdonadas, y borrados sus pecados.
Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Confesaré, dije, contra mí mis rebeliones á Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado. (Selah.)
Empero hay perdón cerca de ti, para que seas temido.
Venid luego, dirá Jehová, y estemos á cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán á ser como blanca lana.
Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí; y no me acordaré de tus pecados.
Yo deshice como á nube tus rebeliones, y como á niebla tus pecados: tórnate á mí, porque yo te redimí.
¿Qué Dios como tú, que perdonas la maldad, y olvidas el pecado del resto de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque es amador de misericordia.
De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia, y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado;
En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados por las riquezas de su gracia,
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.
En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados:
Porque si perdonareis á los hombres sus ofensas, os perdonará también á vosotros vuestro Padre celestial.
Mas si no perdonareis á los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
Entonces Pedro, llegándose á él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete?
Jesús le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete.
Y cuando estuviereis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que vuestro Padre que está en los cielos os perdone también á vosotros vuestras ofensas.
No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados.
Mirad por vosotros: si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.
Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere á ti, diciendo, pésame, perdónale.
Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.
Sufriéndoos los unos á los otros, y perdonándoos los unos á los otros si alguno tuviere queja del otro: de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.
Así que, al contrario, vosotros más bien lo perdonéis y consoléis, porque no sea el tal consumido de demasiada tristeza.
Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes.
Así diréis á José: Ruégote que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque mal te trataron: por tanto ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban.
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