RV 1909 · Esperanza en las promesas de Dios
Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.
Jeremías 29:11
Reina-Valera 1909 · 26 versículos
La esperanza bíblica no es un humor optimista. Es esperar algo que Dios dijo, cuando el presente no lo confirma. Jeremías habla de pensamientos de paz y de un fin que se espera. Pablo habla de una esperanza que no avergüenza. Pedro habla de una esperanza viva. Ninguna de esas líneas niega el hoy. Lo ponen en un marco más largo.
En esta página, la Reina-Valera 1909 está en dos bloques. Uno se apoya en las promesas: lo que Dios ha dicho que hará, y la invitación a esperar en él cuando las fuerzas se acaban. El otro habla de esa esperanza como algo vivo, no como un recuerdo de mejores años. Los textos van completos. La ortografía es la de 1909, con sus acentos, y no la modernizamos.
Si estás acompañando a alguien que ya no sabe qué esperar, no le leas la lista de corrido. Elige uno. El botón Otro al azar sirve para eso. Copia la cita junto con el versículo. Luego siéntate en el capítulo el tiempo que haga falta. La esperanza se marchita cuando se queda en una tarjeta y no se vuelve a abrir la Biblia.
La página principal de este tema es versículos sobre la esperanza. Esta lista sigue aquí, con sus propios versículos.
RV 1909 · Esperanza en las promesas de Dios
Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.
Jeremías 29:11
Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.
Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz creyendo, para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo.
Porque en esperanza somos salvos; mas la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿á qué esperarlo?
Empero si lo que no vemos esperamos, por paciencia esperamos.
La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que entra hasta dentro del velo;
Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza en ti está.
¿Por qué te abates, oh alma mía, y te conturbas en mí? Espera á Dios; porque aun le tengo de alabar por las saludes de su presencia.
¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te conturbas en mí? Espera á Dios; porque aun le tengo de alabar; es él salvamento delante de mí, y el Dios mío.
Alma mía, en Dios solamente reposa; porque de él es mi esperanza.
Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza: seguridad mía desde mi juventud.
Esperé yo á Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado.
Mi parte es Jehová, dijo mi alma; por tanto en él esperaré.
Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome vuestro corazón aliento.
Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos ha regenerado en esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,
Que por él creéis á Dios, el cual le resucitó de los muertos, y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sea en Dios.
Sino santificad al Señor Dios en vuestros corazones, y estad siempre aparejados para responder con mansedumbre y reverencia á cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros:
Esperando aquella esperanza bienaventurada, y la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo,
Para que, justificados por su gracia, seamos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna.
Por el cual también tenemos entrada por la fe á esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios está derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado.
A causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual habéis oído ya por la palabra verdadera del evangelio:
A los cuales quiso Dios hacer notorias las riquezas de la gloria de este misterio entre los Gentiles; que es Cristo en vosotros la esperanza de gloria:
Sin cesar acordándonos delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, y del trabajo de amor, y de la tolerancia de la esperanza del Señor nuestro Jesucristo:
Que por esto aun trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, el cual es Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.
Mas los que esperan á Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.
He aquí, el ojo de Jehová sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia;
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